La Triple A asesinaba en democracia, la Triple A era peronista

Insurrexit, la Fede en Historia

En 1973 Héctor Cámpora llega al poder, y con su victoria electoral se consolida finalmente el retorno de Perón a la Argentina, pero las promesas hechas desde el exilio se rompen de forma abrupta con la Masacre de Ezeiza. Si bien la tendencia peronista de la burguesía había logrado direccionar a las masas populares hacia las elecciones políticas y Perón intentaba (re)presentarse como una forma de ruptura con el ‘imperialismo’ y el único camino hacia la ‘liberación nacional’, proyecto que varias de las organizaciones ‘revolucionarias’ entendían como el camino hacia el socialismo, el retorno oficial del General se encontraba atravesado por los choques inevitables entre los diferentes sectores que componían a un movimiento tan heterogéneo como era el peronismo de los años 70. 

Durante este proceso de choques y forcejeos, el 1 de Octubre Juan Domingo Perón junto a sus burocracias mafiosas sindicales le entrega a las patronales y a sus dirigentes el Documento reservado, marcando el inicio de las persecuciones, torturas, asesinatos y desapariciones forzadas que serían la antesala del terrorismo de Estado posteriormente continuado a partir de 1976.

El Documento reservado marca el comienzo del genocidio en Argentina, con la organización de los grupos parapoliciales, como la macabra y criminal Concentración Nacional Universitaria (CNU), los sindicatos intervenidos, la intervención de la Universidad de Buenos Aires que dejó más de 100 estudiantes detenidos-desaparecidos, y la represión interna coordinada con la Central de Inteligencia Americana, cuyo objetivo principal estaba enmarcado en el Plan Cóndor y con el que se buscaba prevenir la toma del poder por parte de los trabajadores en Argentina.

Este salvataje del capital sólo podía garantizarse a través de la represión interna y el ajuste sistemático que, oculto en las proclamas falsas sobre el bienestar y la paz social que garantizaría el ‘pacto social’, terminó llevando a la Argentina dos años más tarde a una crisis social que intentó ser controlada a través del aniquilamiento de parte de la clase obrera organizada y con el Partido Militar participando de la gestión del Estado.

Es necesario nombrar el factor genocida y la complicidad explícita del PJ, el cual, apenas ocurrido el golpe del 76, puso a sus funcionarios al servicio de la dictadura y los sicarios peronistas de la Triple A continuaron sus labores represivas, como fue el caso de Horacio Paino, dirigente seleccionado por el propio Perón para dirigir el aparato terrorista, o Aníbal Gordon, hombre de la SIDE, las AAA y posteriormente al frente del centro clandestino de detención, tortura y exterminio (CCDTyE) Automotores Orletti. Los mismos hombres que cumplían funciones en democracia bajo el gobierno peronista, rápidamente entraron a la cabeza como agentes de la dictadura, poniendo sus servicios como empleados de la nueva gestión del capital en el período de 1976-1983.

Los comunistas rechazamos cualquier intento de negacionismo del genocidio en Argentina. Desde la Federación Juvenil Comunista e Insurrexit exigimos seguir investigando los crímenes de la Triple A que son, al igual que los crímenes de la última dictadura, de lesa humanidad. Rechazamos cualquier pretensión de conciliación con la Unión Cívica Radical, el Partido Justicialista o cualquier organización o individuo que haya participado del genocidio contra nuestra clase.

LA SANGRE DE LOS Y LAS CAMARADAS ASESINADOS GUÍAN EL CAMINO HACIA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

Camaradas como Carlos Banylis, Watu Cilleruelo, Tita Hidalgo, Rubén Poggioni, Chilo Zaragoza o Graciela Pane, junto a los 2.000 camaradas y compañeros que todavía hoy siguen sin recibir justicia, algo que no puede ser alcanzado en los tribunales burgueses, sino que sólo se podrá conquistar cuando la clase obrera destruya este sistema podrido que transpira la sangre de los trabajadores y se abra paso hacia el socialismo-comunismo en Argentina.

POR EL SOCIALISMO VIVIERON
POR EL SOCIALISMO MURIERON