Federación Juvenil Comunista – Facultad de Filosofía y Letras de la UBA
En los últimos años se ha vuelto evidente un deterioro sostenido de la vida universitaria. Las condiciones en las que cursamos empeoran cuatrimestre a cuatrimestre: menos docentes, menos materias, horarios cada vez más restrictivos y una tendencia creciente a trasladar costos a los estudiantes mediante distintas formas de arancelamiento. Este proceso no responde a una situación aislada, sino que forma parte de una reconfiguración más amplia del sistema educativo superior, orientada a adaptarlo a las exigencias del mercado y a las políticas de ajuste impulsadas desde el Estado bajo el gobierno de Javier Milei y Victoria Villarruel. Desde La Fede en Filo nos parece fundamental entender el contexto actual que transita nuestra facultad, el cual está ligado a nuestra militancia a nivel nacional y regional en el Partido Comunista Argentino, con el objetivo de crear un programa y un plan de lucha concreto, creando una herramienta de masas estudiantil que sobrepase las fronteras de lo académico y esté ligada a las luchas y los conflictos obreros, un frente estudiantil que participe de la resistencia y de las ofensivas venideras de nuestra clase, que entienda la necesidad de y luche por el socialismo-comunismo, por la toma del poder total y absoluto de la clase que produce total y absolutamente la riqueza de nuestro país: la clase obrera.
COYUNTURA
La política oficial del capitalismo, que coloca como prioridad el superávit fiscal y el cumplimiento de los compromisos de deuda, tiene como contracara el desfinanciamiento de áreas estratégicas como la educación pública. En este marco, las universidades nacionales no son víctimas pasivas, sino que sus propias autoridades administran y ejecutan este ajuste, reorganizando la oferta académica en función de criterios de rentabilidad, recortando espacios de formación y promoviendo mecanismos que tienden a la mercantilización del conocimiento. A su vez, amplios sectores de las conducciones estudiantiles y gremiales han optado por una orientación de adaptación, desactivando instancias de organización y diluyendo la capacidad de respuesta colectiva. Desde hace más de una década ha comenzado un avance privatizador sobre nuestras universidades públicas, promoviendo el arancelamiento, la participación privada y la mercantilización de la “producción del conocimiento” al servicio de ciertas empresas “amigas” de las distintas gestiones. La reducción, cada vez más agresiva, de los horarios, la reducción salarial a docentes y no docentes, la burocratización de las organizaciones que conducen los centros de estudiantes a través de financiamiento por parte de las gestiones, ya sean radicales (Nuevo Espacio, Franja Morada), peronistas (La Cámpora, la Mella, la JUP, Evita, entre otros) o la “izquierda” del FIT-U que supo gobernó por 18 años consecutivos la FUBA, donde el trotskismo junto a la “izquierda popular” —encabezada por La Mella— mantuvieron la lógica de los aparatos, de la restricción a la participación democrática, y, sin ningún tipo de resistencia, sostuvieron la estructura de co-gobierno, sin avanzar con la tan prometida “democratización” de las universidades y sin modificar los estatutos radicales-reformistas que en la década de los 90 usaron para lograr mantener su hegemonía antidemocrática, los mismos estatutos que posteriormente el trotskismo y la “izquierda popular” utilizaron a su favor. Esta lógica del aparato y la rosca que la “izquierda” luchó sistemáticamente por mantener y logró que el reformismo de Nuevo Espacio y Franja Morada “recuperen” la FUBA para la derecha, a espaldas de los estudiantes y luchando a través de la “rosca” entre cuatro paredes. Con este panorama el movimiento estudiantil se fue desgastando hasta casi desaparecer, post pandemia la militancia universitaria decreció de forma exponencial, las agrupaciones pasaron a ser simples interventoras del rectorado, y las facultades se convirtieron en un espacio para llenar de propaganda cuando se acercan las elecciones, los Centros de Estudiantes se volvieron una simple herramienta asistencial, un servicio cuyas decisiones exceden a los estudiantes.
En este marco vivimos un recorte brutal por el gobierno peronista de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa de 70.000 millones de pesos, con la complicidad absoluta de los centros de estudiantes, tanto radicales como peronistas, que conducían y conducen actualmente; esto implicó menos becas para los estudiantes, salarios docentes congelados, recortes de las franjas horarias, en particular en Filo militado por El Colectivo y organizado junto a la gestión, problemas edilicios, y una cursada deteriorada. Durante el gobierno de Milei-Villarruel el ataque a la educación pública es uno de sus principales objetivos, incluso propagandísticos; acordando con los decanos y las agrupaciones de los centros de estudiantes, comenzó un ajuste extraordinario, dejando a los docentes y no docentes con el salario más bajo en la historia de la universidad, renuncias masivas de profesores, y una universidad que le cierra la puerta a decenas de miles de trabajadores todos los años, siendo que en promedio en la UBA los trabajadores tardamos 10 años o más en recibirnos en nuestras carreras por la imposibilidad de cursar con normalidad, y solamente el 1,5% de los estudiantes termina en tiempo y forma. Siguiendo el estudio que hizo el Colectivo de Co-Investigación de Filosofía y Letras, el 75% de los estudiantes son trabajadores; esto implica que la universidad no sólo no está dirigida para trabajadores, sino que está organizada para expulsar o limitar a los estudiantes pertenecientes a la clase obrera, lo cual genera un tipo de universidad elitista.
¿QUÉ HACER FRENTE A ESTA SITUACIÓN?
Frente a este escenario se vuelve fundamental construir una herramienta estudiantil que no esté subordinada a los sectores que llevan a cabo el ajuste hacia la universidad y no permiten la participación estudiantil, ni a las gestiones ni a sus aparatos burocráticos de izquierda y derecha. Un Centro de Estudiantes que recupere la iniciativa desde abajo, basado en la deliberación colectiva y en la participación activa, capaz de canalizar las demandas del estudiantado y transformarlas en una fuerza material. Esto implica promover instancias regulares de asambleas que sean reales y no caigan en la toma total de las agrupaciones para bajar su línea política nacional, que, en la mayoría de los casos, poco y nada tienen que ver con las necesidades reales de los estudiantes, mecanismos de representación con mandato efectivo, y la articulación con el conjunto de los trabajadores de la universidad con perspectiva de una acción común.
La defensa de la universidad pública requiere revertir el proceso de vaciamiento en curso. Es imprescindible recomponer el financiamiento en función de las necesidades reales de las instituciones, garantizar condiciones laborales dignas para la docencia y frenar cualquier intento de trasladar el costo de la educación a los estudiantes. Del mismo modo, resulta necesario enfrentar las reformas que fragmentan las carreras, degradan los títulos y reducen la formación a trayectos parciales, así como eliminar los aranceles encubiertos que restringen el acceso al conocimiento. La definición de los planes de estudio y de la orientación académica no pueden quedar en manos de minorías, sino que debe ser objeto de debate y resolución por parte de la comunidad educativa en su conjunto, sin limitación de claustros.
Al mismo tiempo, la permanencia en la universidad se vuelve cada vez más difícil para amplios sectores. Las exigencias de cursada, combinadas con la necesidad de trabajar para sostenerse, expulsan de hecho a miles de estudiantes. Por eso es necesario impulsar medidas que amplíen efectivamente el acceso y la continuidad: mayor disponibilidad de materias y franjas horarias, sistemas de apoyo económico que cubran integralmente las necesidades estudiantiles y la revisión de los regímenes académicos que operan como filtros excluyentes.
Sin embargo, la problemática universitaria no puede entenderse por fuera de la situación general de la clase trabajadora. El deterioro de la educación forma parte de un ataque más amplio sobre las condiciones de vida de las mayorías. En ese sentido, la organización estudiantil debe vincularse activamente con los conflictos del movimiento obrero, aportando a una perspectiva de unidad clasista que permita enfrentar de manera conjunta las políticas de ajuste, que supere la lógica electoral. La “unidad” electoral que plantea la “izquierda” parte de la misma lógica que utilizan el peronismo y el reformismo, y se basan en abandonar la disputa política y pasar a la disputa de los números, dejando atrás los programas y los planes de lucha para pasar a la especulación y la mezquindad política. Cuando señalamos los comportamientos burócratas, antidemocráticos, patoteros o, incluso, cómplices del gobierno, no lo hacemos desde el chicaneo, por el contrario, son acusaciones reales, denunciando los mecanismos que van en contra de los estudiantes. El FIT-U (PO, MST, PTS e IS) y el Nuevo Más no solamente tienen una política burocrática en común, sino que utilizan la facultad como un apéndice más de su política electoral nacional, con acuerdos a espaldas de los estudiantes, apoyando una política restrictiva que limita la participación estudiantil independiente de sus aparatos y agrupaciones. Sin unidad programática clasista firmar la “unidad” es tranzar y abandonar la disputa política en nuestra universidad.
Desde una concepción marxista-leninista, entendemos que la disputa en la universidad es también una disputa por su orientación social. No se trata únicamente de preservar lo existente, sino de avanzar hacia un modelo de educación superior puesto al servicio de las necesidades colectivas, gestionado democráticamente por quienes la sostienen y la habitan, y orientado a una transformación profunda de la sociedad. Comprendemos que la lucha académica y estudiantil está ligada con la lucha política, que para que ésta se eleve a política nacional debe construirse una base estudiantil que tenga libre participación y que tome de forma democrática todas las decisiones de nuestra universidad, entendiendo quiénes son sus aliados y quiénes sus enemigos.
En estas elecciones, el ataque antidemocrático de las gestiones que decidieron adelantarlas dejando menos de una semana de campaña post oficialización de las listas, comprendemos que no da lo mismo que esté presente una lista antiburocrática, independiente de las gestiones, con un programa y un plan de lucha concreto. No es lo mismo que los estudiantes-trabajadores tengan después de años una representación dentro del Centro de estudiantes, una representación que no reciba financiamiento del rectorado, que eleve las reivindicaciones estudiantiles, que se construya una Secretaría que dé contención a los estudiantes-trabajadores que estamos siendo expulsados, que no acuerde en reuniones privadas sino que organice reuniones abiertas y asambleas, que imponga la lógica estudiantil a la de los aparatos. A pesar de esto, entendemos que después de estas elecciones la lucha todavía ni siquiera arrancó, contra el cierre de cátedras paralelas, por el aumento de la franja horaria, la lucha por el presupuesto estudiantil, contra el arancelamiento de nuestra facultad y contra la gestión que ven en la facultad un lugar de disputa para sus negociados. Dentro y fuera del Centro, la lucha va a existir, y desde la Fede en Filo estamos decididos a dar esa pelea hasta donde sea necesario: hasta la victoria.
Por eso, en estas elecciones te invitamos a VOTAR LA LISTA 12, LA LISTA DE LOS COMUNISTAS EN FILO; pero también a organizarte con la Federación Juvenil Comunista, por la universidad que necesita nuestra clase.

