Deudas, depresión y suicidio: el futuro de la juventud trabajadora en el capitalismo

Históricamente las periódicas crisis del capitalismo han recaído sobre los hombros de la clase obrera; sus consecuencias, además de poner en evidencia al sistema descompuesto, suponen una exacerbación del deterioro de la calidad de vida de los trabajadores. En la era de Milei, el incremento del número de suicidios se manifiesta como síntoma de una realidad cada vez más asfixiante, especialmente para la juventud, siendo hoy en día la principal causa de muerte entre los jóvenes de 15 a 34 años. Sólo en 2025, los casos de este tipo alcanzaron los 5.209, subiendo un 57,7% desde 2017. Esto significa 1 suicidio cada menos de 2 horas. Estas cifras sólo toman en consideración los hechos concretados, no los intentos, en donde un porcentaje mayoritario de los suicidios pertenecen a hombres, mientras que las mujeres registran más intentos.

Si bien muchas veces se analizan los problemas de salud mental desde un ángulo multicausal, es necesario un análisis de clase que abarque los factores que ponen en riesgo directo a la juventud trabajadora y a los niños —que no están exentos de estas situaciones— provenientes de familias obreras. En nuestro país, las tasas de suicidio vienen en alza desde el 2020, y un año después UNICEF advertía sobre el impacto de la pandemia de COVID-19 sobre la salud mental de niños y jóvenes a nivel mundial. El aislamiento y la falta de contacto social, en muchos casos, fue el catalizador de un estado anímico que se extendió y terminó de colapsar con la reapertura a un mundo cada vez más hostil, donde el mercado laboral sólo tiene para ofrecer precarización y multiempleo, mientras, a su vez, la posibilidad de estudio es cada vez menor y más elitista, dejando a un enorme porcentaje de la juventud por fuera.

Deudas y bajos salarios

Uno de los sectores donde más se puede ver la relación directa entre la situación económica y su impacto sobre la salud mental es, paradójicamente, en las fuerzas de seguridad, donde la propia Ministra Alejandra Monteoliva admitió que el número de suicidios por deudas familiares aumentaron un 30%. El estancamiento de los salarios y los aumentos desmedidos que van desde servicios básicos hasta las obras sociales y prepagas, pone a los trabajadores en una enorme situación de vulnerabilidad, donde muchas veces deben decidir entre no pagar —y perder servicios como el gas o la luz— o endeudarse. A lo largo de estos años, tanto billeteras virtuales como entidades bancarias han puesto en funcionamiento enormes campañas publicitarias que apuntan directamente a la clase obrera, mostrándose como la salida para cubrir lo que los salarios hoy no cubren; y aunque Javier Milei hace pocos días intentó culpar a los propios deudores, acusándolos de comprar televisores con tarjeta para ver el mundial, las encuestas muestran algo completamente diferente: el 76,5% de trabajadores en esta situación se vieron forzados a endeudarse para pagar comida o vivienda. Por otro lado, se ha acrecentado el fenómeno de los ‘prestamistas informales’, un sector no regulado y con un inmenso impacto negativo sobre quienes se endeudan y no pueden pagar; en estos casos, la integridad física de los deudores y sus familias se ve comprometida y, en muchos casos, no tienen posibilidad de asistencia alguna; los intereses quedan a merced de quien presta, mientras que la violencia y las amenazas son parte fundamental de la usura que llevan adelante estas bandas delictivas. Existen registros de casos extremos donde la falta de pago desembocó en la entrega parcial de viviendas, haciendo que el deudor deba convivir con su prestamista que, en la mayoría de los casos, es también parte del engranaje del narcotráfico que opera en los barrios populares a través de tranzas. Esto coloca en aún más vulnerabilidad a quienes se ven forzados a recurrir a los préstamos informales, ya que quienes ponen a disposición la plata son los mismos que manejan el negocio de la droga en los barrios, un negocio estrechamente vinculado a las fuerzas de seguridad y las zonas liberadas. Es ahí, en tierra de nadie, donde el reinado del lumpenaje se continúa expandiendo y abriendo nuevos frentes; para quienes no pueden acceder al préstamo formal de una entidad bancaria, el informal es la única salida y las consecuencias van mucho más allá de la mora y el veraz.

Desempleo, informalidad y pluriempleo

Según los números oficiales, el desempleo en nuestro país llegó a 7,8% en el primer trimestre de 2026, 0,1% menos que en 2025, mientras que el trabajo informal, sin protección ni beneficios legales, continúa en alza, así como también el pluriempleo. De esta manera, quienes intentan insertarse o reinsertarse (en caso de despido) al mercado laboral se encuentran con un panorama desolador, sin derechos laborales y sin garantías que los protejan; y, si bien la Reforma Laboral le dio un marco legal a estas situaciones, los golpes contra la clase obrera vienen desde mucho antes. La insostenible realidad que viven los trabajadores, en muchos casos, continúa explotando hacia adentro con el incremento en problemas de salud mental (depresión, estrés, ansiedad, suicidio, etc), mientras, hacia afuera, la organización obrera requerida para ponerle un freno al gobierno de Milei y encauzar el dolor que se viene infringiendo sobre nuestra clase, aún no se ha desarrollo lo suficiente. Los problemas personales, el estado anímico, la apatía, la naturalización… son parte de la experiencia cotidiana que encierra a los trabajadores, mientras, por otro lado, la alienación al alcance de la mano intenta generar autómatas incapaces de salirse de sí mismos. Este encierro, esta falta de horizonte frente a una vida que no se elige, donde el trabajo en las peores condiciones posibles es lo que rige nuestra existencia, debe ser desafiado con respuestas concretas sobre el futuro que se puede alcanzar rompiendo con el orden social establecido.

Acceso a la salud (mental)

Al hablar de depresión y otros tipos de trastornos, se suelen enumerar diferentes factores de riesgo a tener en cuenta (eventos traumáticos, problemas familiares, consumo problemático, etc); como prevención, la recomendación habitual es recurrir a un profesional de la salud que pueda acompañar a la persona. Pero en un país donde un porcentaje cada vez más grande no cuenta siquiera con obra social y donde los hospitales públicos llegan a tener servicios de guardias cerrados o directamente no atienden a quienes no cuentan con una prestación privada (como es el caso del Hospital de Clínicas que depende de la Universidad de Buenos Aires y hoy en día, a causa del desfinanciamiento a las universidades públicas, no puede recibir pacientes por guardia sin obra social), ¿cómo hace la clase obrera para acceder a la ayuda que necesita? En los hospitales públicos, el recorte a salud no permite siquiera acceder a turnos médicos, mucho menos a medicación gratuita, siendo que los medicamentos más comunes para el tratamiento de depresión rondan los $40.000 (en el caso de Fluoxetina de 20 comprimidos) y $60.000 (para Risperidona de 20 comprimidos). El panorama es claro: la plata no alcanza, se duerme menos para trabajar más, la alimentación se deteriora porque no se llega a cubrir todas las comidas, el estrés y la ansiedad se acumulan y esta situación puede desembocar en una depresión; para solucionarlo y buscar ayuda se debe volver al punto inicial —no alcanza el salario—, trabajar más (o endeudarse) para costear el tratamiento que se necesita. Todo esto mientras el discurso oficial intenta hacer creer que el que no llega es porque no trabaja o no se esfuerza lo suficiente, lo que termina pesando aún más sobre quienes ya de por sí se encuentran susceptibles y vulnerables a causa de la situación socioeconómica actual, y, en vez de identificar al sistema como el causante de sus problemas, se colocan a sí mismos como responsables.

Acceso a la educación

La educación pública, gratuita y de calidad es uno de los grandes orgullos de nuestro país, algo que se vio reflejado en las enormes movilizaciones en su defensa; si bien la lucha por el financiamiento continúa a través de las diferentes medidas de fuerza que realizan docentes y no docentes en todo el país de manera casi permanente, la falta de presupuesto ha expulsado tanto a trabajadores como a estudiantes. En el caso de la educación secundaria, los números de abandono crecen: en 2025 6,9% dejó la escuela, y 12,5% lo hizo durante su último año, mientras que en el 2024 un estudio de la UCA advertía que entre el 20% y 25% de estudiantes que ingresan al sistema de educación universitario abandonan sus estudios.

Los aumentos del transporte, el recorte a los descuentos de la SUBE, el congelamiento de la beca PROGRESAR ($28.000 y $7.000 retenido), el aumento de apuntes y comida, las jornadas laborales cada vez más extensas (como es el caso de los repartidores de plataformas, que, para cubrir necesidades básicas, trabajan aproximadamente 12 horas por día durante 6 días a la semana), son factores que juegan un rol importante en el acceso y la permanencia de los jóvenes trabajadores a la educación universitaria.

En 2025 un informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas de la CTA (IPyPP) arrojó que hasta ese momento un sector trabajaba casi 17 horas por día, situación que alcanzaba a alrededor de 2.400.000 de trabajadores. En los hogares obreros donde las jornadas laborales paternas se hacen cada vez más largas, las tareas de cuidado recaen, como es habitual, sobre las niñas y adolescentes, incrementando el abandono escolar e imposibilitando el acceso a la educación superior.

Con deudas, sin salud, sin educación, sin trabajo o con muchísimos trabajos… La situación que afronta especialmente la juventud, donde el suicidio se ha convertido en la principal causa de muerte entre los jóvenes de 15 y 34 años, no es un fenómeno sin causas, es la consecuencia de la distribución desigual, donde un 1% parasitario acumula la riqueza, mientras el otro 99% debe cargar sobre sus espaldas el peso de cada vez tener menos. 

“Descubrí que, fuera de una reforma total del orden social actual, todos los intentos de cambio serían inútiles”, dijo Marx refiriéndose al suicidio y, si bien en “Acerca del suicidio” no pretende ocultar que esto es algo que puede afectar a las diferentes clases sociales, es necesario abordarlo desde una perspectiva de clase que aporte a la construcción de una visión mucho más amplia que la que intentan imponernos sobre el dolor y los problemas individuales, porque la única solución es colectiva y es precisamente una reforma total del orden social actual.