El miércoles 1 de julio, a pocos meses de cumplirse seis años del femicidio de nuestra camarada Florencia Gómez, se llevó adelante una audiencia imputativa donde se dieron a conocer detalles de la investigación y el estado de la causa tras los aportes de un testigo reservado que durante todos estos años se mantuvo en silencio por miedo a las repercusiones personales que podría tener su testimonio, pero que en los últimos meses se dispuso finalmente a contar lo que presenció el 12 de octubre del 2020 en San Jorge.
Este testimonio llevó a destrabar la causa del femicidio de Flor y puso el foco sobre dos personas como autores materiales: por un lado, Adrián Lucero, hoy encarcelado; y, por otro, un segundo hombre aún no identificado; mientras la fiscalía mantiene la hipótesis de que se trata de un crimen por encargo y la existencia de un autor intelectual también desconocido.
Desde el Partido Comunista Argentino destacamos la incansable lucha por justicia que se ha llevado adelante a lo largo de todos estos años y celebramos el avance en la búsqueda de respuestas, pero también creemos que es importante señalar que en un país como Argentina, donde una mujer es asesinada cada 31 horas, los cambios por los que luchaba Flor son una necesidad y una deuda cada vez más latente.
Si bien el coautor material y el autor intelectual son desconocidos, Adrián Lucero, el único imputado hasta el momento, no sólo cuenta con un historial delictivo y está cumpliendo condena por otra causa, sino que era un rostro familiar en San Jorge y el propio testigo sabía que esta reputación podía poner en riesgo a quien lo nombrara como sospechoso. Desde el 2018 hasta el 2024, Lucero acumuló diferentes causas en Córdoba y Santa Fe, salió y entró de la cárcel en diferentes oportunidades por comercialización de estupefacientes, facilitación de lugares para cometer infracciones de la Ley 23.737 (tenencia y tráfico de estupefacientes), lesiones leves, amenazas simples, etc. En agosto del 2020 había sido condenado a 3 años de cárcel por su participación en una causa de narcotráfico que databa del 2018, pero, en el mismo fallo, el Poder Judicial de Córdoba le otorgó la libertad condicional. Menos de dos meses después Flor fue asesinada en un camino rural de San Jorge, Santa Fe.
Flor vivía, trabajaba y criaba a sus hijas en San Jorge, allí también desarrollaba su militancia comunista, con un especial énfasis en la lucha contra la violencia de género, pero desde un espacio de organización que planteaba la erradicación de raíz, no sólo de la violencia contra las mujeres, sino de todo el entramado social en el que esto sucede, que no es otra cosa más que el propio sistema capitalista. San Jorge, en particular, era un fiel reflejo de la situación que atraviesa nuestra clase y el futuro que se plantea dentro del capitalismo para la juventud; en 2019, con Mauricio Macri en el poder, los suicidios habían alcanzado números atroces y triplicaban el promedio del resto del país. Flor sabía que había otra alternativa a esta realidad, y que esa realidad se construye colectivamente. Sin embargo, los cambios que anhelaba ver siguen sin ser parte de la realidad de la clase obrera, por el contrario, la ofensiva del gobierno de Javier Milei ha arremetido contra los sectores más vulnerables, acrecentando las desigualdades preexistentes y dejando especialmente a la juventud a merced de la precarización y el pluriempleo en muchos casos, mientras en otros las redes delictivas y de narcotráfico cooptan a una parte de los jóvenes provenientes de los barrios y pueblos más golpeados por la falta de oportunidades, usando y descartándolos para un negocio que, especialmente en la provincia de Santa Fe, se entrelaza con la política burguesa y el aparato represivo del Estado, lo que se puede ver en el caso de Adrián Lucero, quien fue sentenciado a tres años de cárcel y liberado el mismo día y que, si la hipótesis de la fiscalía se corrobora, participó del asesinato por encargo de Flor. Un crimen de estas características pone de manifiesto cómo, en numerosos casos, bajo las condiciones del capitalismo, las vidas de las mujeres trabajadoras son tratadas como prescindibles y no reciben la protección ni la justicia necesaria.
Desde el Partido Comunista Argentino y la Federación Juvenil Comunista seguiremos exigiendo justicia por Flor, sin dejar de señalar la necesidad, cada vez más urgente, de construir el mundo por el que ella luchaba: una sociedad en la que el sistema capitalista sea parte del pasado y, por ende, en la que las condiciones que reproducen y sostienen la violencia contra las mujeres trabajadoras hayan sido definitivamente erradicadas.
