El Partido Comunista tiene una misión histórica y nada ni nadie podrá impedir que se cumpla.
—Victorio Codovilla
Hace más de 105 años en la Rusia zarista la clase obrera y los campesinos, con su partido de vanguardia el Partido Bolchevique, instauraron por primera vez el poder obrero y emprendieron la construcción del socialismo enterrando al capitalismo. La bandera de la Revolución de Octubre fue enarbolada en Argentina el 6 de Enero de 1918 por Victorio Codovilla, Rodolfo Ghioldi, José F. Penelón, Recabarren, anunciando al mundo que en el continente americano también se levantaría un destacamento de vanguardia del proletariado que lucha por el nuevo mundo socialista.
En los 105 años de historia que hoy cumple el Partido Comunista de Argentina, es menester recordar que fue ejemplo de la lucha de los trabajadores por el socialismo, impulsando la formación de los primeros sindicatos obreros y las grandes huelgas de trabajadores que fueron integradas y dirigidas por militantes comunistas. Ejemplos de estas últimas son la “Patagonia Rebelde”, con los camaradas Soto y Albino Argüelles como conducción, la famosa huelga de la construcción donde tuvo una participación activa el camarada Rubens Íscaro, y también la labor de José Peter en la defensa de los trabajadores de la carne. El Partido Comunista también estuvo al frente de la lucha por la emancipación de la mujer trabajadora, con camaradas como Alcira de la Peña, en la lucha internacionalista con grandes militantes como Benigno “Boris” Mochkofsky, Raquel Levenson, Marcelo Feito y las Brigadas del Café.
Sin embargo, en los últimos años aquel Partido que nació bajo el influjo de la Gran Revolución Socialista de Octubre, desdibujó su identidad revolucionaria ante el influjo y predominio de distintas corrientes oportunistas, lo que le hizo perder sus vínculos con la clase obrera y el pueblo, paralizó su vida política y orgánica, asumiendo en los hechos un programa que no contempla la lucha por el socialismo como la tarea inmediata de la clase obrera. Pero las posiciones revolucionarias no pueden ser extinguidas mientras exista la clase obrera, por lo que el Partido en el pasado hizo varios intentos para perfeccionarse y conservar su política revolucionaria, fue el caso del XVI Congreso, que pese a ser un proceso inconcluso que no terminó por concretarse, es ejemplo de la política que ha de tomar una reconstrucción revolucionaria del Partido Comunista en Argentina.
El Partido Comunista de Argentina hace tiempo ha desarrollado una política errática, producto de la falta de claridad y el eclecticismo que le impregnó el oportunismo, por ejemplo, pasó de una política de crítica y confrontación al kirchnerismo por considerarlo expresión “neoliberalismo K” en principios de los 2000, y después del 2008 se procedió a la integración y subordinación de los comunistas a una de las principales fuerzas burguesas de la Argentina: el peronismo.
El kirchnerismo, versión del progresismo en Argentina, es un gobierno gestor del capitalismo que ha perpetuado la infelicidad de nuestro pueblo, muestra de esto es que existen 18 millones de personas en pobreza y 3,3 millones de indigentes, casi 2 millones de trabajadores que tienen ingresos por debajo de la línea de pobreza debido a la precarización laboral, la canasta básica es de $145,900 y el sueldo mínimo es de casi $70.000, existe un índice de 60% de niños pobres, durante la pandemia 11 millones de trabajadores ocupados y desocupados comían en comedores y merenderos populares. Es claro que el progresismo no puede resolver los problemas de la clase obrera y el pueblo argentino, la única manera de brindar una solución efectiva al pueblo es abrir paso a la sociedad socialista.
Con el gobierno de Alberto Fernández al igual que con el de Macri y Néstor y Cristina Kirchner, lo que ha imperado en Argentina es la dictadura de la burguesía sobre la clase trabajadora, el poder de los monopolios con diferencias secundarias respecto al tipo de administración del capitalismo. El capitalismo hoy implica necesariamente neoliberalismo, es decir pobreza estructural creciente, movilidad social descendente, desregulación de la economía, planes sociales para contención de posibles explosiones sociales. El gobierno del Frente de Todos, con su política de sumisión al FMI y continuación del ajuste macrista, es el renunciamiento de parte del progresismo a cualquier aspiración “posneoliberal”. El progresismo, como expresión de la socialdemocracia, a pesar de querer “embellecer” al capitalismo y construirle un rostro “humano”, no ha podido, pues el capitalismo nació chorreando lodo y sangre, y así seguirá hasta que la clase obrera y su partido de vanguardia instauren el poder obrero en Argentina.
Entendemos que el actual gobierno del Frente de Todos, acuerdo con el FMI mediante, significa un sinceramiento de la resignación del peronismo a gobernar con ajuste, a abrazar el neoliberalismo en lugar de combatirlo o superarlo. Hablamos de peronismo porque tiende a actuar con unidad de acción, más allá de idas y venidas y episodios que terminan siendo anecdóticos. Y esa unidad de acción desde la dictadura siempre ha trabajado en favor de un programa capitalista y neoliberal (expresado en la conocida frase de que el pleno empleo no va a volver jamás, así que hay que resignarse a la desocupación y la masividad de los planes sociales). Cada quien sabrá por qué se somete a una dirección antiobrera y antipopular en los hechos. Entendemos que si el pleno empleo no va a volver jamás, lo que hay que descartar es el capitalismo, no nuestra dignidad.
El cuadro de situación se completa con la situación de predominio del oportunismo en las organizaciones que dicen representar y defender los intereses de la clase obrera, lo que ha dejado un vacío de inexistencia de una organización revolucionaria que guíe a la clase obrera bajo una visión estratégica de lucha por el socialismo. Muchas sólo ejercen un lucro inmoral con la pobreza, lo que convierte a las organizaciones comunistas y socialistas en un vehículo del Estado burgués para implementar las políticas del asistencialismo y la contención social de las masas. Los comunistas debemos trabajar con los desocupados, con los trabajadores precarios, con la clase obrera arrojada a la miseria por el capitalismo, pero no con el interés de administrarle las migajas que le cede el Estado burgués, sino con la perspectiva de luchar por derrocar la dictadura del capitalismo.
Ante la inexistencia en Argentina de un partido comunista con posiciones revolucionarias y en disposición de confrontar a todo tipo de gestión del capitalismo para emprender la lucha por el socialismo, se hace necesaria la reconstrucción revolucionaria de un Partido Comunista para la clase obrera argentina. Ahora bien, el socialismo no es un proceso automático ni espontáneo, sino que requiere de la maduración de la conciencia de la clase obrera por la labor necesaria de su sector de vanguardia, es decir, tiene como factor esencial la existencia del Partido Comunista. Uno basado firmemente en el marxismo-leninismo y convencido de que la revolución socialista es la tarea inmediata de la clase, es decir que no existen etapas intermedias que justifiquen la colaboración con la burguesía.
Hoy nosotros asumimos la tarea de dotar a la clase obrera de Argentina del Partido Comunista que necesita. Somos conscientes de que tal camino no está exento de dificultades, y, por el contrario, hay una ruta dura en la que nosotros identificamos los siguientes puntos a esclarecer:
En primer lugar, el combate a las ideologías burguesas que atan a la clase obrera, que la subestiman y contra las que es necesario abrir el frente ideológico, por ejemplo, la política de colaboración de clase del peronismo ha servido para garantizar la gobernabilidad burguesa y la contención de las masas en la idea de “unidad nacional” y “tercera vía”, y fue creada como respuesta al avance de la clase obrera y su Partido de vanguardia en los años 40: el Partido Comunista. Su rol alienante, desmovilizador y represor ha servido para poner a los trabajadores como columna vertebral de un movimiento burgués y no como cabeza de un movimiento revolucionario, que es el objetivo de los comunistas. Por lo tanto, una tarea esencial del Partido Comunista es construir desde la clase obrera la superación de ese fardo político-ideológico. Esta conclusión inicial abre la puerta a un mayor estudio de esta ideología que por más de 70 años ha querido poner (sin éxito) a los trabajadores en un rol pasivo.
Por otra parte, se necesita elaborar un nuevo programa de los comunistas en Argentina a partir del estudio y reflexión contemporánea sobre el desarrollo capitalista en Argentina y su lugar en la pirámide imperialista, un programa que parta de análisis actuales de las clases sociales y de sus intereses, un programa que contemple los objetivos y aspiraciones de la mujer trabajadora, la juventud, los migrantes, los desocupados y sobre todo las distintas ramas de la clase obrera; un programa moderno que se sustente en la realidad sobre los pasos a dar para forjar un movimiento de masas de los explotados y oprimidos; un programa que sitúe a la revolución socialista como la tarea inmediata de la clase obrera.
La necesidad de un programa y un Partido Comunista con características revolucionarias son una necesidad histórica para que en Argentina se avance hacia el socialismo. Nosotros emprendemos el camino para la construcción de tal Partido Comunista, un partido de nuevo tipo que tenga por ejemplo al PC Bolchevique, un Partido de cuadros que camine unido a la clase obrera, un Partido internacionalista, un Partido que se mantenga independiente de cualquier fuerza burguesa. Un Partido cuyo programa tenga en el centro la lucha por el socialismo. Tal objetivo requiere de nuestro estudio, de nuestra preparación y es una tarea a la que nos entregamos sin vacilación.
Es un deber de las nuevas generaciones de jóvenes obreros avanzados dotarse de su partido de vanguardia y de un programa revolucionario. Por eso queremos informar al pueblo y a la clase obrera que emprendemos el camino de la reconstrucción revolucionaria del Partido Comunista en Argentina. El Partido Comunista de Argentina, a nuestro entender, ha paralizado su actividad por contrabando ideológico nacionalista burgués que ha hecho liquidar su estructura, sus cantidades y sus cualidades y lo ha reducido a un pequeño grupo de personas ligado a la claudicación, el posibilismo y el quietismo. Esta estructura ya corrompida ha abandonado los métodos leninistas de organización, ya que carece del centralismo democrático necesario y los espacios de debate son inexistentes, algo que se pudo observar en el bochornoso 26 Congreso, donde hubo conferencias regionales que no se llevaron adelante por internas personales entre militantes.
La pérdida masiva de militantes y cuadros importantes se debe a la aplicación de una línea reformista y liquidacionista, pero también a un método organizativo típico del peronismo, donde no existe la crítica ni la autocrítica ni el debate sincero y fraternal que debería caracterizar las relaciones entre camaradas.
Con todo lo ya expuesto y los sucesos de público conocimiento (la expulsión de la FJC Morón completa en octubre del 2021 y la ruptura de la FJC CABA en su totalidad), nuestro camino ha sido marcado hacia la última oportunidad de rescatar y recuperar las heroicas banderas rojas, de las manos indignas de un puñado de liquidacionistas. Por tanto, queremos tomar las palabras de nuestra inmensa camarada Fanny Edelman: “Si algún mérito se me puede atribuir es mi lealtad inquebrantable hacia el Partido Comunista”, y dejar en claro nuestra lealtad inquebrantable al Partido Comunista, aquel que surgió en 1918 con el objetivo de la luchar por el socialismo y cuyos ideales se basaban en marxismo-leninismo-. La historia de ese partido que representó y se nutrió de los mejores hijos de la clase obrera y que hoy es parte de la historia del movimiento obrero de la Argentina, merece nuestro respeto.
Nos negamos a rechazar nuestra historia, y no estamos de acuerdo con aceptar ninguna idea extraña y ajena a la misma, aunque nos quieran convidar de otras ideas para tirar a la basura 105 años de heroísmo. Pero también rechazamos lo que es hoy es el rumbo, la estructura y la línea del Partido Comunista de Argentina, pues además del nombre poco le queda de los tiempos en que fue una sección de la Internacional Comunista. Hoy está en nuestras manos reconstruirlo y ponerlo en pie para hacerlo jugar su rol histórico.
En el proceso de reconstructores del Partido Comunista no nos planteamos como una fracción, como sí lo han hecho otras organizaciones que pese a la crítica al Partido Comunista de Argentina igualmente se han mantenido en el oportunismo (Partido Comunista Revolucionario y el Partido Comunista Congreso Extraordinario). Por el contrario, nos planteamos como herederos y continuadores de la tradición de lucha de los comunistas que hace 105 años fundaron el primer partido comunista en argentina, y que no están representados por la actual dirección del Partido Comunista de la Argentina. Las últimas direcciones del partido son las responsables de que hoy se vea reducido a un puñado pequeño de militantes –muchos de ellos honestos y hacia quienes conservamos un enorme respeto- y locales partidarios vacíos y abandonados sin ningún tipo de actividad política, algo que es una traición a la clase obrera y hoy moralmente no les pertenecen a las direcciones traidoras que pusieron al glorioso PC de rodillas ante la burguesía local.
En el presente año, fortaleceremos nuestra bases ideológicas, consolidaremos nuestra estructura de mejor manera, aceitando los métodos leninistas de organización, profundizando el centralismo democrático y construyendo un programa que permita poner al Partido Comunista en las calles para combatir a cualquiera de los gobiernos y facciones de la burguesía. El 2023 nos encontrará haciendo trabajo en las fábricas, entre los secundarios, en los terciarios, en las universidades; nos encontrará recuperando la cultura e historia del Partido Comunista; nos encontrará en los barrios, en la lucha por la recuperación de la tierra, en la lucha por el acceso al agua potable, la luz, etc, problemas que un gobierno antiobrero y antipopular como el actual no busca solucionar.
Para lograr estos objetivos, desde el colectivo decidimos ampliar nuestra diferenciación, no sólo con nuestros propios logros y lógicamente en nuestra táctica y nuestra estrategia, sino también en el nombre. Dado que hoy el oportunismo identifica a su organización con el nombre de Partido Comunista de la Argentina, decidimos que el proyecto de reconstrucción revolucionaria del partido comunista en Argentina pase a usar la denominación de Partido Comunista Argentino. Como existen los casos en Brasil del “Partido Comunista Brasileño” y “Partido Comunista de Brasil”, o en Perú con el “Partido Comunista Peruano” y el “Partido Comunista del Perú”, en Argentina existirá el “Partido Comunista de la Argentina” hoy hundido en el frentepopulismo, el reformismo y el camino a la liquidación y existiremos nosotros el “Partido Comunista Argentino” que será el que ponga en lo más alto la dignidad revolucionaria de nuestros 105 años de historia. Hacemos esto sabedores de que detrás de la diferencia de nombre hay una profunda diferencia política y programática.
Avanzaremos en pocos meses a una Conferencia Nacional de Organización donde profundizaremos nuestra estructura a la altura de un partido leninista, y donde debatiremos los puntos centrales de nuestro nuevo programa, y que esa Conferencia abra paso al próximo Congreso Nacional del Partido Comunista donde haremos públicos nuestros estudios y posicionamientos con mucha mas profundidad.
En la espalda de nuestra reconstrucción llevamos a los camaradas fundadores como Victoria Codovilla, José F. Penelón, Rodolfo Ghioldi, Luis Emilio Recabarren, llevamos a los camaradas que se han destacado en las luchas obreras como Alberto Caffaratti, el gallego Soto, Rubéns Íscaro, Vicente Marischi, Jorge Canelles, Antonio Alac, José Peter. Con nosotros flamean las banderas del internacionalismo proletario del cual nuestra organización ha sido ejemplo con el camarada Rodolfo Ghioldi en 1935 participando de la insurrección revolucionaria en Brasil con el camarada brasilero Luis Carlos Prestes a la cabeza, también con nuestra participación en las Brigadas Internacionales de la Guerra Civil Española con camaradas como el Comandante Ortiz, Raquel Levenson, Fanny Edelman, Victorio Codovilla, entre otros; con la heroica Brigada del Café a Nicaragua en 1985, donde el Partido Comunista volvió a dejar ver que no conoce de fronteras para luchar por el socialismo; o con la tan conocida historia de Marcelo Feito, “Teniente Rodolfo”, que en el 1987 cayó combatiendo en Chalatenango en El Salvador.
Sobre nuestra espalda también llevamos a nuestros camaradas caídos en la Argentina, como lo fueron Jorge Calvo y Ángel Zelli, Juan Ingalinella, Tito Messiez, Rubén, Teresa Israel, Ana Teresa Diego, Inés Ollero, el Negrito Avellaneda, Steinberg y el Huevo García, entre otros, y hoy son nuestras banderas para la reconstrucción del Partido Comunista. Somos herederos de los 105 de historia, herederos del Partido de Athos Fava y Patricio Echegaray, hijos de las FeriFiestas y los picnics del Partido, herederos de esa gran FJC de los 80, la famosa de los 100.000 afiliados, somos hijos de ese gran Partido que atentó contra los Minimax cuando vino Rockefeller a la Argentina. En nuestras banderas está también el Comandante Leonor Cuaretta, quien estuvo al frente del grupo de camaradas que inició la primera guerrilla en el Chaco, también el camarada Fernando Nadra que fue un cuadro esencial de nuestro partido, probado en la teoría y en la práctica revolucionaria, las camaradas que, como Alcira de la Peña, se pusieron al frente de la lucha por la emancipación de la mujer, así como Lohana Berkins que organizó y representó al colectivo trava y al LBGT+ aún en los peores tiempos de resistencia. Con nosotros también están los que forjaron la cultura comunista, como Alfredo Varela, Raúl González Tuñón, Tejada Gómez, Mercedes Sosa, Pugliesse, Horacio Guaraní, Hamlet Lima Quintana, y tantos otros.
Reivindicamos toda esta historia con sus errores, aciertos y heroísmo porque creemos que la historia del Partido Comunista es la historia del movimiento obrero argentino y no dejaremos que la sangre derramada haya sido en vano, reconstruiremos al glorioso Partido Comunista y llegará el día en el que este glorioso Partido vuelva a ser el de la clase trabajadora: un Partido Comunista fuerte, de combate, con vocación y estrategia de poder, con inserción en el movimiento obrero, con ansias y sed de una revolución socialista en la Argentina.
Los 105 años de historia del Partido Comunista de la Argentina vivirán en el Partido Comunista Argentino que hoy renace.