Marcha contra la Reforma Laboral: ¿infiltrados o manifestantes?

El miércoles pasado se realizó una contundente movilización en todo el país contra la reforma laboral, una ley antiobrera y antipopular que pretende empeorar las condiciones de vida de la clase obrera y del pueblo. La mañana comenzó con la represión orquestada por el gobernador peronista cordobés Martín Llaryora, en la cual estuvo presente el PCA de la provincia junto al resto de las organizaciones políticas y sindicales. La represión culminó con varios heridos, personas gaseadas y detenidos. La jornada continuó en la Plaza Congreso, en CABA, donde nuestro Partido también estuvo movilizado y realizando actividades agitativas.

La movilización se dio en el marco de un acuerdo entre la dirigencia sindical peronista y el gobierno reaccionario de Milei-Villaruel, a cambio de modificaciones que sostienen la vida millonaria y burguesa que llevan adelante los líderes de la CGT a costa de los trabajadores. El acuerdo consistió en no llamar a un paro general y, en la práctica, se vio una falta de participación real de la central sindical en la movilización. Algunos gremios movilizaron únicamente a sus cuerpos sindicales y no a todos los trabajadores; al mismo tiempo, no llegaron a la Plaza Congreso, sino que se quedaron en los alrededores por muy poco tiempo y rápidamente desconcentraron. Claramente se buscó boicotear lo más posible la movilización popular y evitar el llamado a un paro general que permitiera a los trabajadores sin permiso gremial movilizarse, lo cual hubiese significado un fuerte golpe para el gobierno.

Una vez transcurrido el día, y un acto de la CGT que nunca llegó, empezó un grupo a ponerse al hombro la resistencia popular, con bombas molotov, gomerazos, escudos, que lograron varias veces romper las filas monolíticas de la represión, a lo que se desató una represión que el gobierno también buscaba, y lo que fue una gran cacería con decenas de detenidos, muchos de los que hoy cargan con causas judiciales y hasta buscan imponer la causa de “terrorismo”, avalada en la Ley Antiterrorista impulsada por Cristina Fernández de Kirchner y militada por el progresismo con sus figuras como Heller y Sabbatella, la cual el Partido Comunista tuvo un rol fundamental en la campaña por su derogación.

A raíz de toda la represión desatada y la resistencia popular, comienza un debate frecuente de los últimos años que se basa en debatir si son infiltrados o no los que resisten con gomeras y bombas molotov. Rápidamente todo el arco del progresismo sale a acusar de “provocadores”, “infiltrados”, “policías”, y demás cosas, y automáticamente varios sectores de izquierda se suman a esta idea, que lo que termina avalando con ese discurso es la deslegitimación de los métodos históricos de la clase obrera y el pueblo y el derecho a la violencia de los trabajadores. Si en todos los casos donde hay un mínimo de resistencia se los acusa de infiltrados, lo único que se logra es apagar cualquier tipo de intento de boicotear una ley como la reforma laboral, o cualquier intento de autodefenderse de la represión; por ende, sostener constantemente la postura de los infiltrados es un discurso reaccionario servil a los intereses de los que profesan la paz social. Porque, aunque le sirva o no la imagen del disturbio al gobierno para demonizar a nuestro pueblo combatiente, la autodefensa y la resistencia es un deber que como clase social no nos podemos permitir dejar de lado.

El discurso de la infiltración y el rechazo a los métodos de lucha también es una cuestión de la composición de clase de los distintos sectores mencionados. En cualquier barrio pobre y obrero, cuando sucede un hecho grave de asesinato de un vecino en manos del lumpenproletariado, un caso de gatillo fácil en manos de la policía, algún hecho de violencia de género, entre otros, cualquier vecino sabe que lo primero que hay que hacer es una barricada, cortar la ruta, prender fuego gomas y defenderse con las armas del pueblo que hoy son lo que tenemos a mano en las calles: piedras, botellas, etc., porque está en la sangre y en la historia de nuestro movimiento obrero; en la historia del pueblo argentino los métodos de resistencia todavía siguen vigentes en la memoria de los trabajadores las grandes gestas heroicas de nuestra clase. Oponerse a estas acciones es estar desconectado de la realidad de nuestro pueblo, de sus métodos y rechazar su historia.

La izquierda ha abandonado la discusión de la resistencia y la autodefensa; se debe a su adaptación al régimen y su abandono —en caso de que alguna vez lo hayan tenido— de una estrategia revolucionaria y la vocación de poder, ya que no genera votos accionar y alentar los métodos de lucha. Y como han optado como estrategia la vía pacífica a través del parlamento, entonces prefieren evitarlo y hasta denunciarlo. Pero muchas veces, de manera oportunista, quieren mostrarse ante un sector de los trabajadores y la juventud como el sector más combativo, cosa que no es así, porque quienes han sostenido la última resistencia han sido organizaciones que no tienen nada que ver con el trotskismo y la izquierda electoral, y muchos trabajadores de a pie no organizados que ven la posibilidad de enfrentar las fuerzas de la represión y, a través del ingenio popular, rebelarse contra esta reforma laboral antiobrera y antipopular.

En este río revuelto, y en el mismo sentido que veníamos mencionando, se asoma el oportunismo respecto a este tema del derecho a la violencia por parte de los pueblos, que viene desde el lado del trotskismo. Hace muchísimos años el trotskismo dejó de tener como política la autodefensa de masas, aunque en el imaginario colectivo para un sector de la política ellos son “los tirapiedra” o los que están en primera línea. Hace años no es esa la realidad; por el contrario, ellos tuvieron y tienen la política de frenar todo tipo de iniciativa de violencia popular, de resistencia o de autodefensa del pueblo. En el ámbito de las organizaciones populares es sabido el rol de los partidos del FIT-U en llamar infiltrados a mismos compañeros de otras organizaciones por llevar adelante este tipo de acciones, pero, ante un vacío de representación de la bronca popular, a través del relato, principalmente el PTS intenta subirse y contar una posverdad que no existe: que ellos son la vanguardia del pueblo, que estuvieron en primera línea contra la resistencia y Myriam Bregman en el Congreso habla del derecho a la rebelión. Pero es parte de la política de ellos tener un discurso “combativo” por un lado y tener una actitud por otro. Durante muchos años, el trotskismo en general se ha querido despegar de quienes han tomado en sus manos la iniciativa de responderle a las fuerzas de seguridad; incluso, más de una vez, en ese intento de despegue han señalado a los compañeros combatientes, como mencionamos anteriormente. Por eso es un discurso hipócrita, porque ellos quieren acumular desde “nosotros somos los más combativos”, pero en la práctica rechazan los métodos históricos de la clase obrera. Es puro relato para instalar una narrativa que no existe.

Más allá del discurso de la izquierda de querer asumir camufladamente y con ambigüedad un rol de combatividad, dando a entender a cierto sector que ellos son los más avanzados, más allá de eso, hay una realidad: que debemos recuperar los métodos de autodefensa de la clase obrera, como siempre ha sido. Aunque la socialdemocracia sea trotskista o peronista e intente desarmar la potencialidad revolucionaria de los trabajadores, tenemos que alentar la organización, rechazar la espontaneidad y dejar de infravalorar la fuerza capaz de la clase obrera y el pueblo argentino, porque en sus manos puede estar el destino de la Patria.

SOBRE LA ESPONTANEIDAD DE LAS MASAS

La movilización en Congreso fue multitudinaria a comparación de las escasas jornadas que se vienen realizando, pero también surge un problema con respecto a cómo nos movilizamos y cómo accionamos, por ejemplo, en términos de autodefensa. Como lo hemos visto, reinó la espontaneidad, no la organización; hegemonizó un pensamiento foquista de la resistencia y no una acción de masas organizada, y eso se terminó viendo en la disgregación rápida de la movilización, la cantidad abrumadora de detenciones sueltas, y que en ningún momento se llegó a tener en cuenta levantar la sesión, que sería lo ideal como primer punto de un plan de lucha concreto contra la reforma, como lo fue en 2017 con la reforma previsional impulsada por el gobierno de Macri.

No debemos menospreciar el fenómeno de la espontaneidad, porque los elementos espontáneos son embriones de conciencia, de una conciencia más elevada, llevada al grado de la organización y la disciplina. Pero si el movimiento se mantiene en la espontaneidad, marcha hacia su disgregación y su subordinación a alguna facción de la burguesía que presente falsas promesas de progreso.

Ahora nos podemos preguntar: ¿por qué está presente el fenómeno de lo espontáneo? Y la verdad es que se debe a la falta de dirección política del movimiento de masas. Hoy asistimos a una crisis profunda de dirección; hay un vacío de representatividad en todos los sectores del pueblo. Mientras el peronismo pierde legitimidad absoluta, aun con la conducción política de los gremios, por otro lado, el radicalismo, más allá de sus conducciones estudiantiles y sus diputados, hace años ha perdido representatividad en la masa de trabajadores, y el trotskismo nunca la ha conquistado en lo mínimo, ni aun en el vacío y camino libre que le hemos dejado los comunistas los últimos 20 años. Entonces la dirección de las masas se encuentra en disputa, con la correlación de fuerzas totalmente desfavorecida a los sectores revolucionarios, pero en disputa al fin, que termina constituyendo el elemento espontáneo que no va más allá de la lucha cotidiana y reivindicativa, incluso espontánea en los métodos de lucha, pero que no se termina enmarcando en una estrategia revolucionaria, que sería la lucha política por el socialismo. Ni la autodefensa, ni la resistencia, ni la lucha por las pequeñas reivindicaciones terminan entrelazados con la lucha política.

La tarea consiste en combatir la espontaneidad, librar al movimiento obrero y popular de la idea de no tener organización a la hora de enfrentar una reivindicación política o económica, o a la hora de organizar la autodefensa o la resistencia. La idea de lo espontáneo debe quedar relegada. Debemos darle contenido revolucionario a las luchas que se desatan.

Dar el paso de lo espontáneo a lo consciente es la tarea de los comunistas y de todo el movimiento en su conjunto. Preparar un plan para derrocar el poder político de los capitalistas debe ser impulsado por la fuerza que está dispuesta a sacarle el poder a los dueños de este mundo, y esa fuerza no es el peronismo ni tampoco el trotskismo. Esa fuerza nace de la clase obrera y su Partido, el Partido Comunista, y por eso cada día hay que reforzarlo para que cumpla su rol histórico.

¿CÓMO SEGUIMOS?

Nuestro Partido ha decidido una táctica al asumir el gobierno de Milei-Villaruel que sigue más que nunca con vigencia para la etapa actual, que es que necesitamos una Coordinadora de las Luchas, que articule todos los conflictos desatados del movimiento obrero, estudiantil, vecinal, etc., que permita poder frenar la ofensiva patronal del gobierno y los monopolios y avanzar en una oposición obrera real que ponga en agenda las pequeñas y grandes reivindicaciones de la clase obrera y el pueblo.

Para eso es necesario romper con el sectarismo y la división en el movimiento que estamos viviendo, donde mismos sectores organizados en un mismo sindicato no se ponen de acuerdo para unir reclamos, o jornadas de movilización que se hacen en las cercanías de dos sindicatos distintos y no se unen para unificar reclamos. Debemos romper con la desunión y avanzar a fortalecer al movimiento obrero y sindical, y volver a la solidaridad entre los distintos sectores.

Como clase, tenemos un gran trabajo por delante. La ofensiva es muy grande y la oposición obrera es casi nula, pero debemos construirla, y nuestra prueba de fuego es nuevamente en el tratamiento de la reforma laboral en Diputados, donde las distintas facciones de la burguesía levantarán sus manos contra la clase obrera y el pueblo argentino. Pero con la herencia histórica de nuestro movimiento debemos enfrentarla en unidad y derrotarla.

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