Declaración del Comité Central del Partido Comunista Argentino a 50 años del último golpe de Estado
Este 24 de Marzo se cumple el 50 aniversario del último golpe militar, eclesiástico, civil y patronal, que dejó como saldo el genocidio contra nuestro pueblo, con 30.000 compañeros detenidos-desaparecidos, más de 400 bebés apropiados, miles de presos y torturados, y cuyo objetivo fue detener la fuerza invencible de la clase obrera argentina.
El último golpe se dio en el contexto de un proceso de intensificación de la lucha de clases en Argentina, con el desarrollo de acciones de masas desatado en los 60 y llegando a su punto más alto con la insurrección obrera en Córdoba en 1969, más conocida como “El Cordobazo”, y los azos que siguieron, tanto en Salta, Tucumán, Rosario, Santa Fe, entre otros lugares; estas acciones y el clima de época empezaron a poner los intereses de la burguesía en jaque, lo que devino en una profundización de la represión y los propios métodos represivos utilizados para frenar a la clase obrera organiza.
Durante dicho proceso, las masas se radicalizaron, adquirían conciencia y cuestionaban el orden social establecido, lo cual era un peligro para la clase capitalista, por ende, un proceso contrarrevolucionario era una prioridad para ellos ante los altos niveles de combatividad de los trabajadores, algo que no fue un fenómeno argentino, sino una necesidad de la burguesía a nivel regional de derrotar a la clase obrera política y militarmente, exterminar a lo más avanzado en términos de conciencia de los sectores obreros y populares, para evitar cualquier experiencia de poder obrero; desde EE.UU, con sus socios locales, diseñaron el Plan Cóndor, un plan de represión y exterminio, no sólo contra las expresiones armadas, sino principalmente contra la clase obrera combativa de cada país.
En Argentina, como respuesta al Cordobazo y a las distintas rebeliones y puebladas, la burguesía puso en marcha “el contra-Cordobazo” que, en términos concretos, fue la contrainsurgencia contra el movimiento obrero. Este proceso allanó el camino para el genocidio producido a partir del 1976, donde la burguesia acudió al histórico partido que intentó mantener la paz social y desarmar de combatividad a los trabajadores: el peronismo.
Con la llegada de Juan Domingo Perón en 1973 comenzó la contrainsurgencia y contrarrevolución en Argentina, el objetivo era lograr neutralizar a las organizaciones armadas, lograr la paz social, y evitar cualquier avance significativo de la clase obrera, aunque eso significase un proceso de aniquilamiento, persecución y represión feroz, es decir, el terrorismo de Estado comenzó con la llegada de Perón al poder, y la dictadura de 1976 lo profundizó, sistematizó y lo convirtió en un genocidio.
El inicio de la contrainsurgencia iniciada por Perón y posteriormente continuada por la Junta Militar no sólo venía a exterminar y querer aleccionar a la clase obrera, sino que también partía de la necesidad de maximizar las ganancias de los monopolios. La vuelta de Perón estuvo financiada y apoyada por las empresas FIAT, Pirelli, Techint y Olivetti, que tuvieron una participación muy activa en el asunto; desde nuestro país se sumaron el grupo Macri, Ratazzi y Zinn, los cuales también se beneficiaron posteriormente con el golpe. La burguesía debía acomodarse a los nuevos tiempos internacionales y los cambios en el sistema capitalista mundial.
Los indicios de la contrainsurgencia peronista se vieron por primera vez en la “Masacre de Ezeiza” de 1973, donde Perón llegó con Rucci y con el nazi croata, ex ustasha, Milo Bogetich, quien funcionaba como su guardaespaldas y posteriormente fue uno de los fundadores de la AAA; ya se veían las intenciones de su regreso, en donde se sucedieron asesinatos de entre 700 y 1.100 compañeros y compañeras, entre ellos nuestros camaradas del Partido Comunista y más de 3.000 atentados con bombas, varios de los cuales fueron dirigidos a nuestros locales partidarios y casas de militantes comunistas.
La política del gobierno peronista fue allanando el camino para el genocidio que se iba a producir entre 1973-1976; al igual que la dictadura, el peronismo no soló atentó contra las organizaciones guerrilleras, sino contra la clase obrera organizada y combativa. En ese mismo sentido, en el 73 se prohibieron más de 500 títulos de libros, señalados como “subversivos”, y se llevaron adelante grandes quemas de libros, entre ellos, libros de Lenin, Mao, Rosa Luxemburgo, de nuestro camarada Emilio Troise y los títulos del compañero Aníbal Ponce.
El peronismo desató el terrorismo de Estado a partir de 1973 con sus diferentes expresiones: La Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), Comando Rucci, el Comando Peronista Lealtad, la Concentración Nacionalista Universitaria, las Brigadas Democráticas Universitarias, el Comando de Organización, la Juventud Revolucionaria Liberadora, la Juventud Peronista República Argentina, entre otros.
A manos del gatillo peronista, entre 1973 y 1976, nuestro Partido sufrió decenas de bajas, especialmente nuestra juventud, la Federación Juvenil Comunista; jóvenes militantes que siguen en la memoria de la juventud obrera y estudiantil, como Rubén Poggioni, David “Watu” Cilleruelo, Juan Ramón “Chilo” Zaragoza, Graciela Pane, entre otros, y militantes del Partido como Tita Hidalgo, Manuel Aravena, Carlos Banilys, entre tantos otros.
Con el camino libre, con los decretos peronistas de aniquilación, decretos 2770/75, 2771/75, 2772/75, que daban poder sobre todo el territorio nacional a las Fuerzas Armadas para aniquilar compañeros y compañeras combatientes, como sucedió en el “Operativo Independencia” donde se montó también un centro de tortura y exterminio en la provincia de Tucumán; la Junta Militar el 24 de Marzo de 1976 tomó el poder e inició un genocidio extendido a todo el país, sistematizado y coordinado bajo el Plan Condor.
Con 800 centros de tortura y exterminio, miles de presos, miles de secuestrados y torturados, cientos de bebés apropiados, inmuebles robados, miles de compañeros y, principalmente, compañeras violadas, y miles de perseguidos y exiliados, nos encontramos frente al panorama de una de las ofensivas más sangrientas de la burguesía contra la clase obrera argentina, la cual fue de la mano del Partido Militar, en ese momento encabezado por Videla, Viola, Massera, Agosti y varios asesinos, torturadores y dictadores más.
Al mismo tiempo, la política económica impulsada por José Alfredo Martínez de Hoz inauguró en nuestro país una nueva fase en el desarrollo del modo de acumulación capitalista. La liberación de las tasas de interés no fue una medida aislada, sino un instrumento para consolidar la valorización financiera, fomentando la bicicleta financiera y la especulación, en beneficio directo de los grandes capitales.
A su vez, la orientación hacia una economía completamente abierta —eje central del programa del ministro de la dictadura— derivó en el ingreso masivo de mercancías importadas a bajo precio, lo que aceleró el desmantelamiento de la industria nacional, en sintonía con la política económica que hoy se impulsa desde el gobierno de Milei, Caputo y Sturzenegger. Esta misma lógica se expresó en la llamada “desregulación económica”, que, tanto ayer como hoy, se presenta como solución, pero que en los hechos empeora la vida de la clase obrera, destruye los sueldos y los puestos de trabajo.
Por otro lado, el rol de nuestro Partido en combate contra la dictadura es un punto a destacar, aunque sin duda la declaración del Comité Central no fue clara en un momento tan importante y tuvo un análisis errado nacido de una estrategia frentepopulista, pero la acción heroica de nuestro Partido podría ser escrita en libros enteros y no llegaría a terminar de contarse.
Los combates y las luchas populares nos han hecho un Partido glorioso, capaz de haber enfrentado al enemigo de clase en todas sus posiciones, haber combatido en la legalidad y en la ilegalidad, lo cual quedó demostrado con la presentación de 9.000 Habeas Corpus por parte de La Liga por los Derechos del Hombre –cuando nuestros secuestrados fueron 500 y nuestros presos 1.500–, y, a pesar de haber hecho declaraciones erróneas, no hemos estado ni un minuto sin combatir a la última dictadura, y, aunque nos quieran correr con que no estábamos “ilegalizados” como otros partidos, sino sólo suspendidos, varias organizaciones que conducíamos o eran organizaciones que dependían de nuestro Partido fueron ilegalizadas, como UPARA de los campesinos, MODEPANA en defensa del patrimonio nacional, el COMACHI que eran las comisiones en solidaridad con Chile y que fue un movimiento muy importante en Argentina, el MOR (Movimiento de Orientación Reformista) que era una corriente universitaria muy importante dirigida por La Fede, El MUCS (Movimiento de Unidad y Coordinación Sindical), agrupamiento sindical dirigido por el Partido. Fueron 12 organizaciones que tenían una vinculación directa con nuestro Partido que fueron ilegalizadas, cosa que los militares no ignoraban.
Nuestro Partido tuvo 500 secuestrados, de los cuales 200 todavía permanecen desaparecidos, 1.500 presos y 5.000 obreros comunistas despedidos, lo cual significa un ejemplo de combate y heroísmo. Nos atacan de los distintos arcos políticos, porque, con el ejemplo de nuestros héroes caídos, somos los que estamos dispuestos y luchamos para quitarle los privilegios a los dueños de este mundo, y en ese sentido construye nuestro Partido, con el ejemplo de Inés Ollero, el Negrito Avellaneda, Teresa Israel, Alberto Caffaratti, Alicia Raquel Burdisso, Ángel Elvio Bel y tantos camaradas que han dejado su vida y han preferido morir con la roja conducta que los caracterizaba antes que cantar a sus camaradas y a su Partido. Llevaremos adelante sus banderas, haremos jugar al Partido su rol histórico, y construiremos ese mundo nuevo que soñaron y por el cual lucharon: el socialismo-comunismo.
El Partido Comunista fue la tercera organización más golpeada por la dictadura, por detrás de Montoneros y el PRT-ERP. Todo discurso de querer instalar una complicidad del Partido con la dictadura como lo han querido venir haciendo hace 40 años, caerá en saco roto, porque desde las tribunas del anticomunismo profesan tal infamia, pero la realidad histórica les ha dado un golpe en la cara.
Muchos decían las mentiras macartistas de que si presentabas un carnet del PC te salvabas de la tortura, pero para desmentir esa falacia está la realidad. Hace poco días en el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio “La Perla” identificaron 12 compañeros que fueron secuestrados, torturados, desaparecidos y asesinados; 3 de ellos eran militantes del Partido Comunista: Ramiro Bustillo, José Brizuela y Oscar Omar Reyes. ¡Los anticomunistas que difundieron tal mentira quedarán en el basurero de la historia, mientras el glorioso Partido Comunista, con la bandera de sus camaradas caídos, avanza hacia la victoria!
En este 50 aniversario es necesario que reflexionemos el legado que nos deja todo lo antes mencionado. No debemos dejar de luchar por la Memoria, la Verdad y la Justicia, pero eso sólo no alcanza.
Reivindicar sólo Memoria, Verdad y Justicia en este día, sin vincularlo a las luchas político-sociales de nuestro tiempo, es reducir la dimensión y el contenido que tiene este hecho histórico, que debe trascender mucho más allá de la memoria y el vago recuerdo de los acontecimientos; de esta manera, se corre el riesgo de que las consignas se tornen en una catarsis en lugar de poner el hecho en el lugar que la historia sociopolítica le asigna, es decir, como parte integrante de la lucha de un pueblo para cambiar de raíz la sociedad.
Durante todos estos años se dijo, decimos y seguiremos diciendo): “Nunca Más”, pero para que eso pueda ser una realidad en la sociedad donde los monopolios tienen todo el poder político-económico-financiero y militar, es necesario cambiar de paradigma, un cambio radical de sistema, que era por lo que luchaban los 30.000. Por eso no debemos correr el riesgo de olvidarnos de esto, reduciendo su lucha a las mismas consignas recurrentes de todos los años.
El 24 de Marzo no es un día sólo de recuerdo de la represión y el genocidio, el 24 de Marzo actual es un día donde la clase obrera, los jóvenes y el conjunto de los sectores populares argentinos somos una consecuencia real de aquel proceso que todavía nos marca como sociedad, pero que, a su vez, nos debe interpelar para pasar a la ofensiva, no sólo en la denuncia de los hechos, sino también con la predisposición y la decisión de luchar, poniéndonos de pie, sacando a la luz pública los hechos criminales, pero, además, para avanzar en unidad y con organización, y poder golpear al sistema que nos explota y que es el autor intelectual y ejecutor de ayer y de hoy (aunque por ahora con otros métodos), y que tiene el poder para volver a repetir esos crímenes si considera que la situación político-social se descontrola.
Pero para eso es necesario unir a los trabajadores con los distintos sectores dispuestos a dar pelea y elaborar un plan de lucha y un programa común, estructurar una fuerza superadora de lo ya conocido, que esté por encima de los viejos y fracasados procesos políticos que el país ha transitado durante casi un siglo; llegando a lo que tenemos hoy pero en las peores condiciones a causa del saqueo, la entrega de la soberanía, de los recursos estratégicos, el patrimonio nacional y la subordinación a los intereses monopólicos del capital financiero.
Tenemos que animarnos con decisión política a darle al 24 de Marzo un contenido de protesta y de lucha para derrotar al capitalismo en Argentina; ése será el camino de unir el 24M al proceso de lucha general por transformar nuestra sociedad.
Por eso el Partido Comunista Argentino dice este 24:
¡Unidad, organización y programa revolucionario para que sea realidad el Nunca Más!
¡El único camino, como lo ha demostrado la historia, es el socialismo-comunismo!
¡Fueron 30.000!
¡Los crímenes de la AAA también son de lesa humanidad!
¡Libertad a Milton Tolomeo y Eneas Gallo, presos por luchar contra la reforma laboral de Milei y los monopolios!
¡Apertura de los archivos del 73 al 83!
¡30.000 compañeros detenidos-desaparecidos: presentes!
