El modelo libertario hace agua por todos lados. La Reforma Laboral, aprobada gracias al apoyo de una supuesta oposición servil a los intereses del capital, le dio un nuevo aire al gobierno; pero los conflictos no se detienen. La situación que vive nuestra clase está atravesada especialmente por esta reforma, que es el recrudecimiento de la ofensiva patronal que lleva adelante Javier Milei, hoy brazo ejecutor del plan de los monopolios en nuestro país.
En vísperas de las jornadas de lucha contra la reforma que se llevaron adelante durante el mes de febrero, 920 trabajadores, es decir, 920 familias repentinamente se quedaron sin su fuente de trabajo. FATE, la empresa más grande de fabricación de neumáticos en nuestro país, cerró sus puertas, mientras Javier Madanes Quintanilla, dueño de la fábrica, es una de las personas más ricas y uno de los empresarios con más poder en Argentina.
Las consecuencias del cierre son catastróficas para las casi mil familias que dependen de su trabajo en la fábrica, pero la situación no es exclusiva a FATE. En los últimos meses, Kimberly Clark cerró su planta de Pilar; Kenvue dejó de producir en el país, despidió a todos sus trabajadores, y pasó a operar exclusivamente con productos importados; Dr. Ahorro cerró 11 plantas; Grupo Dass despidió a más del 40% de quienes trabajaban en Eldorado, pasando de tener 60 líneas de producción a tan sólo 15; Maralac S.A decretó el cierre de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA) y La Suipachense, dejando a más de 400 trabajadores en la calle; Socolor, PYME ubicada en La Plata, cerró también en el mes de febrero; Tecsesi S.A, que dependía de Techint, dejó de operar y despidió a 280 trabajadores; Whirlpool cerró su planta en Pilar, y con ella también debieron dejar de operar Translog y Novax. Esta lista puede seguir, es interminable, y cada cierre, cada despido significa familias enteras a la deriva, enfrentándose a la realidad de un gobierno que está llevando adelante una masacre social contra el pueblo argentino, a favor de los monopolios.
Sin embargo, entre las numerosas empresas cerradas y los miles de trabajadores despedidos, FATE se destaca en varios puntos diferentes, pero que forman parte de una historia en común desde dos ópticas distintas y con intereses antagónicos entre sí.
Una de estas cuestiones tiene que ver con la puja que existe entre el gobierno y la burguesía nacional, la cual también, en cierta medida, se ha visto afectada por las políticas llevadas adelante por Javier Milei, especialmente con la apertura de importaciones. En una fábrica que, según sus propios trabajadores, produce entre 6.000 y 7.000 cubiertas por día, la crisis como justificativo de cierre no termina de cuadrar; y a esto debemos sumarle la decisión de anunciarlo un día antes del tratamiento de la Reforma Laboral en la Cámara de Diputados. Ante las discrepancias que existen entre la realidad y lo que la patronal intenta imponer como verdad, aparece el juego de tira y afloje de alguien como Madanes Quintanilla, que no sólo es dueño de FATE, sino también de Aluar, única empresa productora de aluminio primario en Argentina. “En este contexto, resulta urgente empezar a discutir reglas de origen más realistas en el Mercosur, con mayor contenido industrial de la región y una política arancelaria con respecto a China más alineada con lo que está llevando a cabo los Estados Unidos y la Unión Europea”, decía, dejando en evidencia la posibilidad de que el cierre y especialmente su anuncio de cara al tratamiento de la reforma laboral, se traten, por un lado, de generar presión sobre el gobierno para la suba de aranceles a las importaciones, y, por otro, seguir acentuando las maniobras en contra de la clase trabajadora, en un intento posterior de continuar los despidos que se vienen dando en el sector, además de mantener los salarios que están congelados hace más de un año.
A su vez, los trabajadores son conscientes de toda esta situación, diariamente ven la producción que se realiza en la fábrica. Mientras el sector efectivamente se encuentra afectado por la apertura de importaciones, una vez más quienes pagan el precio de este tipo de medidas son los trabajadores; en la supuesta cruzada entre el gobierno y FATE, los únicos que pierden son los trabajadores. Cerrada o abierta, con mayores aranceles o no, los trabajadores cargan en sus espaldas el peso de esta puja, donde los capitalistas buscan a toda costa maximizar sus ganancias, y no dudan un segundo en utilizar todos los recursos posibles para lograr ese objetivo. Es allí donde aparece la otra parte de la historia: los trabajadores se chocan con las discrepancias entre el discurso patronal y la realidad con la que conviven cotidianamente, con salarios congelados y una fábrica que nunca paró de producir.

Aunque en un primer momento la puja y la denuncia que en reiteradas ocasiones había hecho Madanes Quintanilla en torno a las importaciones parecía ser central, rápidamente, tras el cierre de FATE, apareció en el escenario de posibilidades algo que contradice casi por completo su discurso y las teorías sobre el cierre. Aluar, otra de las empresas a su cargo, resultó ganadora de la licitación de Alma GBA, la secretaría de Energía, para abastecer a Edenor y Edesur en momentos de pico de consumo; para ello, no sólo se usará el predio ubicado en San Fernando, hoy tomado por sus trabajadores, sino que pondrán de pie una central con baterías de litio de origen chino, es decir, mientras hasta hace algunos meses Madanes Quintanilla criticaba las importaciones y cómo afectaban la industrial nacional, hoy se encuentra del otro lado, importando baterías BESS y asegurándose de que sean al costo más bajo.
Del cierre de FATE y los golpes que viene sufriendo la industria nacional, con miles de despidos, se desprende una realidad que nos recuerda de cierta manera todo lo que sucedió en la década del 90 con Menem al frente del país. Pero como en aquellos años es necesario el germen de la organización, el mismo que puso en jaque muchas veces al poder y hasta le torció el brazo en puebladas como el Cutralcazo; y los trabajadores de FATE vienen siguiendo esa dirección para resistir esta ofensiva patronal que pretende, no sólo dejarnos en la calle en muchos casos, sino intensificar los grados de explotación, llevando a nuestra clase a condiciones de vida cada vez más paupérrimas.
¡Como los trabajadores de FATE, nos toca luchar! ¡Resistir y ganar! Sabemos que es posible, y sabemos que es necesario que la clase en su totalidad tome la causa FATE y la haga propia, porque la única manera de salir victoriosos es a través de enfrentarnos al enemigo de clase de forma unificada y coordinada. Una victoria para FATE es una victoria para nuestra clase en su totalidad. Y una victoria para nosotros, es una derrota para el gobierno de los monopolios.
