El centésimo quinto aniversario de la Federación Juvenil Comunista se da en un contexto internacional que pega de lleno en la vida de la juventud obrera y estudiantil de todo el mundo. La agresión imperialista de EE.UU. sobre El Líbano, Irán, lo que fueron los bombardeos a Venezuela, el ahogo económico a través del cual intentan derrocar al revolucionario gobierno cubano y poner de rodillas al bravo pueblo cubano, al mismo tiempo de la prolongación de la masacre al pueblo palestino, y la continuación de la guerra imperialista entre Rusia y Ucrania; pinta una panorama sobre el que ya hemos advertido, donde nos encontramos rumbo a una guerra imperialista generalizada, en disputa por las rutas de transporte, los recursos naturales, la mano de obra barata, etc., siendo la juventud una de las grandes afectadas.
La juventud de nuestra clase tiene que cargar sobre sus hombros las consecuencias de las pujas interimperialistas y la guerra: la absoluta precarización laboral, el desempleo, los niveles acelerados en el ritmo de vida al que nos lleva la superexplotación capitalista y que desemboca en estrés, ansiedad y demás síntomas a causa de una salud mental arruinada por la dinámica a la que nos somete el sistema capitalista.
Una de las principales tareas, no sólo de la FJC, sino de todos los jóvenes obreros y estudiantes, es luchar contra la guerra imperialista, en solidaridad con los pueblos del mundo, principalmente los que están siendo agredidos militarmente en estos momentos. La bandera del internacionalismo proletario, como la han llevado adelante nuestros camaradas, como Marcelo Feito “Teniente Rodolfo” en El Salvador, o como Raquel Levenson en España, como tantos otros, es un deber que tenemos como trabajadores y revolucionarios.
En consonancia con la situación internacional, en nuestro país vivimos uno de los momentos más oscuros desde 1983 hasta la fecha. La ofensiva patronal que está llevando adelante el gobierno de Javier Milei y Victoria Villarruel contra la clase obrera es brutal, los grados de desempleo, los altos índices de inflación no declarada que afectan el día a día de los trabajadores, el deterioro del transporte público gracias al desfinanciamiento, la suba indiscriminada de los alquileres, etc. representan el plan económico de los monopolios para nuestro país.
En Argentina el 57% de los jóvenes son pobres, y el 64% vive en sus lugares de origen; con estos dos datos vemos dos grandes problemáticas para nuestra la juventud: por un lado, el grado de precariedad en los trabajos, siendo la mayoría en la informalidad, muchas veces en gastronomía, comercio, aplicaciones de reparto, emprendimientos propios, etc., lo cual lleva a que los ingresos no cubran las necesidades básicas para poder vivir; y, por otro lado, surge un problema fundamental para la juventud de nuestra clase, que es el problema de la vivienda. Hoy en día pensar en acceder a una casa propia es un sueño casi imposible de cumplir bajo estos estándares, pero la realidad es que actualmente no solamente no podemos acceder a un vivienda propia, sino tampoco a alquilarla, lo cual demuestra que nos encontramos en un grado de pauperización total, con una juventud sin perspectiva de futuro.
Con este cuadro de situación nos queda una sola opción: la organización para combatir este presente de miseria y de incertidumbre. Por eso llamamos a fortalecer a La Fede, que es la única organización juvenil de combate, guiada por la estrategia revolucionaria trazada por el Partido Comunista Argentino, que puede dar batalla contra las distintas corrientes de la burguesía que nos llevaron a esta situación.
Con la herencia revolucionaria de quienes nos precedieron, nos preparamos para el combate para avanzar hacia la construcción del poder obrero, con las banderas de Enrique Müller, Jorge Calvo, Rubén Poggioni, Teresa Israel, Graciela Pane, Raquel Levenson, Florencia Gómez, el Negrito Avellaneda, por un mundo sin explotados ni explotadores.
